Ciencia en la Historia

El darwinismo social, o cómo la desigualdad es algo natural

Como ya comentamos en nuestra anterior entrada sobre la historia y la evolución, las ciencias consideradas “puras” y las llamadas “ciencias sociales” tienen mucho más que ver de lo que tradicionalmente se nos ha enseñado. Si bien, como también vimos, la teoría evolucionista de Charles Darwin se aplica en ciencias como la arqueología, en este artículo veremos cómo el evolucionismo también ha tenido protagonismo en otra gran disciplina: la sociología.

Nuestra historia comienza con la llegada de la gran revolución industrial a Europa en el siglo XIX. En esos momentos las grandes ciudades del Viejo Continente, como Londres, París o Berlín comenzaban a llenarse de nuevos ingenios mecánicos, enormes instalaciones industriales y grandes masas de trabajadores que emigraban del campo a la ciudad en busca de trabajo en las fábricas. Aparentemente, todo iba genial: los beneficios de los grandes empresarios crecían como la espuma y la producción de bienes de todo tipo aumentó exponencialmente. Sin embargo, todo tiene su contrapartida. Junto con los ingentes beneficios de esa clase empresarial crecía una enorme masa de obreros que cada vez se encontraban en una situación de pobreza más dramática debido a los bajos salarios que percibían. A todo ello había que sumar las durísimas condiciones de trabajo y la dura represión de todo aquel que se rebelada contra esta situación, amparada por un durísimo código penal que castigaba con penas muy contundentes delitos que hoy consideraríamos menores.

LONDRES BARRIOS
Barrio de Londres en el siglo XIX

Pero, ¿qué tiene que ver esta parrafada con el darwinismo social? Mucho. La situación social con este panorama que hemos descrito podría parecer insostenible, pues los pobres eran cada vez más pobres, y los ricos cada vez más ricos. Los grupos más poderosos necesitaban justificar esta situación de alguna manera, sobre todo cuando en 1848 se publicó el Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, que sin duda contribuyó a agitar a las masas obreras. No mucho tiempo después, en 1859, se publicada El origen de las especies de Charles Darwin. En esta obra, como sabemos, se afirmaba que los organismos actuales son consecuencia de un largo proceso de adaptación evolutiva al medio, en el que solo los más aptos sobrevivían. Darwin atribuyó a la “selección natural” la función de “escoger” a dichos individuos entre los demás.

Es aquí donde entra en juego la obra del pensador británico y autodidacta Herbert Spencer (1820-1903). Spencer, que aunque no asistió a la universidad poseía una importante formación autodidacta, publicó en 1851 -ocho años antes que El origen de las especies- su obra La Estática Social, en la que exponía su visión de la sociedad humana. En esencia, la teoría de Spencer venía a afirmar que, al igual que ocurre en la naturaleza, en las sociedades humanas solo pervive el que mejor se adapta a las condiciones que el medio ofrece. Ser rico o pobre es por tanto una cuestión de adaptación evolutiva, en la que solo los mejor adaptados al medio -en este caso empresarial y de los negocios- podrían tener éxito económico; los que no se adaptasen quedaban fuera del sistema, es cierto, pero no podrían culpar a los ricos por ser más aptos ya que la culpa de su pobreza era de su incapacidad para competir y sobrevivir. De este modo, frente al Manifiesto, que instaba  a los obreros a conquistar el poder a través de la revolución -no necesariamente pacífica, por cierto-, la explicación de Spencer les decía que no se quejaran, que si no eran capaces de salir adelante, era problema suyo.

Desde el punto de vista de Spencer las desigualdades sociales quedaban justificadas no solo en el ámbito europeo, sino mundial: lo que era válido para las personas lo era también para países enteros. Si hay países pobres, es porque no han sabido ser competitivos, por lo que es problema suyo. Es más, ayudar a los pobres es un acto que entorpecería las naturales leyes de adaptación. Si el liberalismo del momento defendía dejar hacer libremente al mercado, el darwinismo social explicaba que era necesario dejar la misma libertad para que cada uno se buscara la vida.

RETRATO DE HERBERT SPENCER (2)
Retrato del filósofo Herbert Spencer (1820-1903)

Así, en conclusión, podemos decir que el pensamiento de Herbert Spencer postula que el ser humano se mueve motivado por su propio interés, buscando el beneficio personal a toda costa, y que en este contexto de lucha, solo aquellos que han tomado las mejores decisiones han conseguido adaptarse al medio de forma más satisfactoria.

Pero el pensamiento de Spencer -como el de cualquier otro filósofo- ha recibido muchas críticas a lo largo de la historia. Una de las grandes críticas a este sistema filosófico es que, con sus explicaciones, parece responder a los intereses de los grupos sociales más poderosos, que en la Inglaterra victoriana veían con malos ojos el crecimiento de la población y la acumulación de menesterosos en las calles. No en vano, Del Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, o la Conservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida, título completo de la gran obra de Darwin, fue un “best seller” de la época entre las clases adineradas, para las que las teorías de Spencer y Darwin sobre la supervivencia de los más aptos eran auténticas justificaciones de su posición social. Otro punto débil de la propuesta de Spencer es que se aventura a afirmar que unos dominan sobre otros, y que esta dominación se convierte automáticamente en justa y natural, cuando es conocido que el poder económico no siempre se obtiene por medios “naturales” o “legales”, sino que el enriquecimiento de algunos puede provenir a veces de la explotación de otros. También es un hecho evidente que esta “adaptación al medio” no es tal siempre, ya que como todos sabemos es mucho más fácil “adaptarse” si se ha nacido en una familia con muchos recursos, y mucho más difícil si se viene al mundo en el seno de una familia pobre.

No obstante y en conclusión, podemos decir que el pensamiento de Spencer resulta vital para comprender la filosofía social que imperó en el siglo XIX, y lo más importante de todo: ver cómo las ciencias experimentales estaban en ese momento muy ligadas a las explicaciones de la vida, la sociedad y el mundo. Quizás las “ciencias puras” y las “humanidades” no sean tan diferentes…

 

Bibliografía

BARRAGUÉ CALVO, Borja, “Liberalismo económico y darwinismo social. Sobre la figura de Herbert Spencer”, Astrolabio. Revista internacional de filosofía, nº 13, 2012, pp. 47-54.

SANDÍN, Máximo, “Sobre una redundancia: el darwinismo social”, Asclepio: Revista de historia de la medicina y de la ciencia, vol. 52, fasc. 2, 2000, pp. 24-50.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s