Ciencia en la Historia

Las cámaras de maravillas. Los museos de hace 400 años

A lo largo de toda la historia de la humanidad, las personas han experimentado todo tipo de sentimientos: amor, odio, ira, alegría, tristeza, etc. Sin duda todos ellos elementos comunes a todas las generaciones que han existido. Sin embargo, existe un sentimiento, una sensación, en la que pocas veces se repara pero que en igual medida forma parte del acervo cultural humano: la curiosidad. Las ansias por conocer, o incluso contemplar cosas nuevas, han sido universales en todas las culturas y las épocas. En este artículo hablaremos de cómo ese sentimiento quedó plasmado en las conciencias de los seres humanos de hace cientos de años.

Aunque la curiosidad y el gusto por lo maravilloso han sido como decimos una constante histórica, en este texto nos centraremos en los siglos XVI-XVII. Pero, ¿Por qué hablar de esta época?, ¿Qué tienen que ver estas centurias con los museos y el interés por lo lejano y exótico? Descubrámoslo poco a poco…

Como es de sobra conocido, el siglo XVI representa uno de los grandes momentos de la cultura universal con la consolidación de dos grandes movimientos culturales: El Renacimiento y el Humanismo. En estos años, es el Hombre (entiéndase como hombre el ser humano, puesto que la mujer no era apenas considerada en la época) es el gran protagonista del mundo. El Dios medieval pasa un plano secundario frente a las ansias de conocimiento, la cultura y las artes, aunque por supuesto siga teniendo una importancia indiscutible. La novedad es el descubrimiento, el ingenio, la cultura. Se descubren nuevos métodos de navegación, se formulan grandes teorías sobre la posición de la Tierra en el universo y se fundan grandes principios de la ciencia. Se trataba en suma de conocer, cuanto más mejor. Pero en este clima no solo la ciencia era importante. Lo oculto, lo exótico y lo maravilloso tuvo también gran relevancia.

Los europeos de la época sentían gran asombro por lo que venía de fuera de sus fronteras, y aquellos que pudieron permitírselo coleccionaban todo tipo de objetos raros y extraños. Estas colecciones particulares recibieron el nombre de “cámaras de maravillas” y representan el antecedente más cercano a nuestros actuales museos de historia natural.

Cámara de maravillas de Worms
Cámara de maravillas de Worms. Fuente

Pero, ¿En qué consistían estas cámaras? Se trataba de lugares en los que se almacenaban todo tipo de elementos que, en la época, se consideraban “rarezas”. Así pues, se podían encontrar fetos deformes, órganos conservados en alcohol, cochas, animales disecados,  autómatas, inscripciones antiguas, etc. Era muy extraño que alguien a lo largo de su vida pudiera ver algo así en persona, y por ello estos artículos se guardaban como algo excepcional y curioso.

La fiebre de las cámaras de maravillas no tardó en extenderse por toda Europa y encontramos algunas de ellas en países como Alemania, Italia o incluso España, donde existieron coleccionistas de fama y calado que repararon en estas curiosas iniciativas.

Hay que decir sin embargo que este afán respondía a una afición por el coleccionismo, por lo que no debemos pensar en científicos que, al modo de la ciencia moderna, se dedicaran a estudiar los objetos desde un punto de vista técnico; más bien al contrario, las cámaras de maravillas estaban pensadas para ser contempladas como cuartos de curiosidades y para regalar la vista. De todos modos en la época la frontera entre la contemplación y el estudio no estaba muy delimitada, ya que no será hasta el siglo XIX cuando nazca la ciencia tal y como la conocemos actualmente.

Juan Fernández de Velasco
Juan Fernández de Veasco y Tovar (c. 1550-1613) fue uno de los grandes coleccionistas de su época. Fuente

En suma, las cámaras de maravillas, como decimos antecedentes de nuestros museos de historia natural, vinieron a satisfacer un deseo de la época, que actualmente se mantiene intacto: la inquietud por contemplar lo que escapa a lo cotidiano, lo que se considera extraordinario. En este sentido, poca diferencia existe entre la persona que miraba con atención una taxidermia hace 400 años y la que en 2018 queda boquiabierta al observar fragmentos de minerales espaciales. Nos sorprendemos por otras cosas, pero, en suma, seguimos asombrándonos.

 

Bibliografía 

-GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Carlos Alberto, “Utopías del saber universal. Imaginarios gráficos en el Mundo Hispánico de la alta Modernidad”, e-Spania, 2015. (revista electrónica)

-MONTERO DELGADO, Juan, GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Carlos Alberto, RUEDA RAMÍREZ, Pedro, ALONSO MORAL, Roberto, De todos los ingenios los mejores: el Condestable Juan Fernández de Velasco y Tovar, V Duque de Frías (c. 1550-1613), Sevilla: Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2014.

-MORÁN, J. Miguel, CHECA, Fernando, El coleccionismo en España. De la cámara de maravillas a la galería de pinturas, Madrid: Cátedra, 1985.

 

 

 

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